Normativa y accesibilidad: qué debe comprobar un profesional antes de recomendar una solución

Cuando un cliente plantea la eliminación de una barrera arquitectónica, suele centrar su atención en una cuestión muy concreta: encontrar un equipo que permita salvar el desnivel. Para una empresa instaladora o distribuidora, sin embargo, el análisis debe ir más allá.

La solución no solo debe caber en el espacio disponible y responder a las necesidades de la persona usuaria. También debe ser adecuada para el tipo de edificio, el uso previsto y la normativa aplicable. Esta diferencia es especialmente importante cuando el proyecto se desarrolla en una comunidad de propietarios, un local comercial o un espacio concurrido.

Por ello, antes de recomendar un producto, el profesional debe determinar qué puede instalarse realmente y qué solución permite resolver de forma efectiva la barrera existente.

La solución técnicamente posible no siempre es la adecuada

Una de las situaciones más habituales durante la fase comercial se produce cuando el cliente solicita un equipo concreto porque lo ha visto instalado en otro lugar o considera que es la alternativa más económica. Sin embargo, que una solución pueda colocarse físicamente no significa que responda a las condiciones de accesibilidad exigibles en ese entorno, que cambian según si son para uso privativo o comunitario, entre otras cuestiones a tener en cuenta.

Este es un aspecto especialmente relevante cuando se comparan equipos concebidos para personas usuarias con diferentes grados de movilidad. En este contexto, el trabajo del distribuidor no consiste únicamente en presentar alternativas. También debe explicar al cliente por qué una opción aparentemente sencilla puede no ser válida para el uso previsto y qué solución ofrece una accesibilidad más completa.

Vivienda particular, comunidad o espacio público: el contexto importa

Antes de elaborar una propuesta, conviene identificar claramente la naturaleza del edificio y el uso que tendrá la instalación. En una vivienda unifamiliar, normalmente existe un número reducido y conocido de personas usuarias. Esto permite analizar la solución a partir de las necesidades particulares de la persona que va a utilizarla y, al regirse por una normativa más flexible, permite más decisión de producto atendiendo a gustos o peticiones particulares, que cuando el producto va a estar instalado en un lugar de pública concurrencia.

En una comunidad de propietarios, el equipo formará parte de un espacio compartido. Debe considerarse la diversidad de personas residentes, la circulación habitual por las zonas comunes y la posibilidad de que la solución sea utilizada por personas en silla de ruedas o con diferentes limitaciones de movilidad, además de las exigencias de la normativa de accesibilidad vigente.

En los edificios y locales de pública concurrencia, además, la accesibilidad no puede depender de la ayuda de terceros. La solución debe permitir un uso seguro y responder a los requisitos que correspondan al proyecto.

Por este motivo, la primera pregunta no debería ser «¿qué producto quiere el cliente?», sino «¿qué condiciones debe cumplir la instalación en este edificio?».

Qué revisar antes de preparar la propuesta

La normativa debe incorporarse al análisis desde el inicio, no comprobarse cuando la propuesta ya está cerrada. Durante la visita técnica conviene revisar, entre otros aspectos:

  • El tipo de edificio y el carácter privado, comunitario o público del espacio.
  • El perfil de las personas que utilizarán el equipo.
  • La posibilidad de realizar el recorrido de manera autónoma.
  • El espacio disponible para la circulación.
  • La existencia de un itinerario alternativo y el uso habitual de la escalera.
  • Las condiciones de seguridad y la documentación aplicable al equipo.

Esta información ayuda a descartar alternativas que no serían adecuadas y evita presentar al cliente una solución que posteriormente deba modificarse.

Cómo hablar de normativa sin complicar la conversación

Para muchos clientes, la normativa es un ámbito desconocido. Habitualmente, su prioridad es solucionar el acceso con el menor impacto posible sobre el edificio. Introducir requisitos técnicos sin una explicación clara puede generar confusión o percibirse como una complicación innecesaria.

El profesional debe traducir las exigencias del proyecto a argumentos comprensibles. No se trata de recitar normas, sino de explicar sus consecuencias prácticas.

En lugar de indicar únicamente que una opción no cumple con los requisitos, resulta más útil explicar que no permitiría el acceso autónomo de determinadas personas usuarias, que podría no considerarse una eliminación efectiva de la barrera o que no sería la alternativa adecuada para una zona común.

Este enfoque convierte la normativa en un argumento de asesoramiento y no en una objeción comercial. También ayuda al cliente a comprender que la recomendación está basada en criterios técnicos, no en la intención de ofrecer un producto de mayor coste.

Por ejemplo, para escaleras estrechas en las que las personas usuarias quieren instalar un salvaescaleras pero no deja paso suficiente de paso, se puede indicar que no cumpliría con las medidas de evacuación mínimas necesarias en caso de incendio.

Plataformas, cómo elegir entre una plataforma vertical y una inclinada

Una vez definidos los requisitos del proyecto, será necesario determinar qué tipología se integra mejor en el edificio.

Las plataformas verticales resultan especialmente útiles cuando es posible salvar directamente la diferencia entre dos cotas. En portales, son habituales en accesos desde la calle para salvar las escaleras hasta llegar a la primera parada del ascensor. Cuando no es posible hacer que el ascensor baje hasta cota cero, esta es la primera solución a tener en cuenta según normativa para espacios en los que no es posible tampoco construir una rampa.

Si no es posible instalar una vertical, las plataformas inclinadas siguen el recorrido de la escalera y pueden adaptarse a tramos curvos y/o con cambios de pendiente. La decisión debe responder al conjunto del proyecto: normativa, edificio, circulación y necesidades de uso.

El fabricante como apoyo en la validación técnica

Cuando existen dudas sobre el recorrido, las dimensiones o la adecuación de la solución, contar con el fabricante desde la fase inicial permite avanzar con mayor seguridad.

En Aris Salvaescaleras diseñamos y fabricamos soluciones de accesibilidad para diferentes escenarios. Nuestros equipos se desarrollan de acuerdo con la normativa aplicable a cada solución, y nuestro departamento técnico acompaña a distribuidores e instaladores en el análisis de los proyectos. Esta colaboración permite revisar la información recopilada, seleccionar el equipo más adecuado y disponer de la documentación necesaria para presentar una propuesta técnicamente sólida.

Un proyecto de accesibilidad no se resuelve instalando cualquier equipo que permita superar un desnivel: se resuelve seleccionando una solución segura, autónoma y adecuada.

Para más información sobre otras soluciones de accesibilidad, visite nuestra página web o contacte con nosotros directamente.

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